Paseando, hace unas noches, por la “gaieixample” y con la oreja puesta a toda conversación ajena que pasaba, por mi espacio de transeúnte, escuché un dialogo entre tres amigos y a mi oído justo llego la frase “…que no, yo os digo que él es gay, aunque vaya de hetero…” Justo la frase que necesita yo un día en el cual no tuve mucha inspiración para la literatura, allí en la calle Aribau, a las dos menos cinco de la madrugada, mi cerebro empezó a pensar y a preguntarse cosas.
Mientras estábamos en un conocido local, allí entre Locomía, Rafaela Carra, Azúcar Moreno, Abba y otros rember de épocas pasadas, de las que yo tan solo era un espermatozoide, vino a mi mente la siguiente cuestión:
¿Por qué los gays tenemos la necesidad constante de todo heterosexual que nos guste, decir que es gay? ¿Será por qué más allá de saciarnos en sueños con su cuerpo queremos alguna fantasía más o será por qué todo lo prohibido nos gusta?
Evidentemente me fui a dormir con esas cuestiones y pensando de cuantos heteros me había sentido yo, atraído más allá del físico.
Unas horas después y de vuelta a Reus en el tren, me puse a madurar y reflexionar sobre el tema.
Curioso pero cierto los gay tenemos esa facilidad para ver que todo el mundo es gay o mejor dicho todo el mundo que nos atrae es gay pero aún no lo sabe. Frases tales como no hay gays ni heteros, sino heteros potencialmente gays, la hemos utilizado más de dos y de tres veces, en reuniones con amigos. Pero dejando de lado lo que puede ir más allá del puro, banal y placentero acto sexual.
A veces por tal de sentirnos seguros, tenemos una necesidad interna de ir de abanderados de nuestra propia bandera e ir abriendo puertas del armario sin permiso.
Cosa que realmente no es mi pensamiento y es carne de críticas cuando lo vemos como una herramienta del periodismo rosa, que deben de tener una asignatura especial en la facultad que se llame, como sacar del armario a famosos, cuando queremos audiencia.
Pero siempre es justo sacudir la mierda hacia fuera, y nunca vemos la nuestra propia, y somos nosotros mismos en nuestro colectivo (como odio tener que decir colectivo, a caso los heteros dicen entre si, su colectivo) los que utilizan esa herramienta para intentar o casi obligar a salir del armario a todo aquel que nos provoca un erección con solo notar su presencia, y señores o señoritos, del sexo, placer y disfrute a la identidad sexual de una persona hay un abismo y sino lo hoy esta la privacidad y el estilo de vida que cada uno pueda tomar, sea criticable o no pero debemos de tener y mantener ese derecho al igual que tenemos el derecho de poder besar en la calle a nuestro chico y no sentirnos una figura de mimo de las que en la rambla distraen a los turistas.
Así que a veces el ojo de loca se equivoca.
Carrión.
Claro q las locas se equivocan,muchas veces de echo. Siempre es malo vivir de topicos y creerse el ombligo del mundo.
ResponderEliminarNo termino de entender esa tendencia a imaginarse el mundo gay, aunque si imagino el po que, hay muchos q hacen de su mundo un mundo rosa, y claro entonces es normal caer en el error de pensar q el mundo es rosa.