Lo que más me gusta de mis sábados es que no hago nada, bueno en diferencia al resto de la semana, tampoco es muy diferente. Pero al menos los sábados durantes largas horas tan solo estamos mi tabaco, mi café y yo. Son esos pequeños placeres que me permito. Después de todo tengo veinte y seis años y vivo con mis padres.
Después de ver esta semana como en dos ocasiones el cerrajero de los juzgados de Reus se ha ido sin obtener éxito. Después de dos largas mañana fue incapaz de abrir la puerta, tan solo destrozó la cerradura.
En otra ocasión hubiera hecho escrito sobre la no penetración y torpeza. Lo que pasa es que no si es por mi estado reflexivo desde que hace dos sábados conociera, a quién lleva tiempo esperando o por qué no lo se…
La cuestión es que ese intento de apertura de una puerta y su consecuente fallida, me dio por pensar en cuanto tiempo había hecho falta a que mi puerta hubiera encontrado la llave perfecta para ser abierta. Concretamente dos años y siete días o al menos de momento era lo que había pasado.
Muchas veces pensamos que se abren las puertas correctas con las llaves correctas, pero tan solo son puertas abiertas con radiografías o forzadas a ser abiertas.
A cuántos hombres podría haber forzado yo a que abrieran la puerta y cuántos se la había cerrado o peor aún a cuántos se la había dejado entreabierta.
Bueno lo mejor de ahora es que al menos ahora yo tenía una llave de cierta puerta y otro tenía la misma llave de la misma puerta, tan solo falta once días para volver abrir la puerta.
Aunque llevara un rato escribiendo esto, no había pasado el sábado, seguía estando en casa, solo y esperando a que fueran las cinco para tener un skype con el dueño de mi llave.
Y mientras preparaba la cena para llevar esta noche, bueno en mejor dicho preparaba mejillones a la marinera para la cena en la casa de mis mejores amigas lesbianas, al menos le humor cínico nunca se me había ido. Siempre que iba allí se me ocurría llevar o tortilla, bollería o marisco, la cuestión era como siempre hacer humor de todo lo que pudiera haber a mi alrededor.
El sábado prometía, cena, diversión y buena compañía. Lo justo para pasarlo y bien esperar que llegue rápido el día diez de agosto, para empezar un nuevo viaje, un nuevo lugar y sobretodo abrir la puerta.
Carrión.