Tengo que mirar a alguien y sonreír, pero sin estar frente a frente, cómo se puede hacer. Será cuestión de enviar una foto, o será cuestión de saber leer entre líneas, tal vez sea mejor lo segundo.
Siempre me gustó lo de ir a segundas, saber leer entre líneas, pero cómo sonreír y mirar.
Si mis ojos perdieron su sonrisa hace tres años, cuando me caí por primera vez. Será cuestión de volver a tenerlos como antes, será cuestión de tal vez sonreír, será cuestión de saber mirar.
Pero bueno, no estaré todo el rato hablando de si mirar o sonreír, creo que hay mas cosas, que indirectamente hacen esa sensación.
Todo empezó hace unas semanas vía twitter, pero bueno eso tal vez no interesa. Pero tal vez quien lo sepa leer, sonrío cuando leo esos twetts, pero como mirar a través de esas palabras.
La mirada es algo más íntimo, algo más propio de cada uno. No hay nada más delatador que unos ojos. Supongo de ahí el reto, mirar y sonreír.
Bueno punto y aparte una vez hecha está introducción, quién lo sepa entender ya dirá.
Mientras estoy en un Mc Donald’s, me ha dado por mirar alrededor mío, pues estoy envuelto de citas adolescentes. Quién no tuvo su primera cita en un Mc Donald’s.
Y cómo he de mirar y sonreír, pues me he puesto a contemplar esas pequeñas bombas de hormonas. Es verdaderamente un trabajo de campo interesante. La pareja que tengo a la izquierda, que no deben de superar los quince años. Ambos tienen la mirada pérdida, uno mira al vaso, otro hacía la caja del happy meal. Es como si tuvieran miedo a encontrarse cara a cara, miedo a decir la verdad, miedo a por primera vez enfrentarse a una sensación nueva. Sonríen, disimulan, él acerca la mano, ella se toca el pelo, pero los dos han descubierto el poder de la mirada. Así que mejo protegerla, tal vez no sea fácil superar ese primer encuentro ojo cono ojo, sensación con sensación, suspiro con suspiro…
La pareja que hay detrás, deben de tener ya casi los dieciocho, él ya ha descubierto el poder de su mirada, con los ojos azules que tiene, la está devorando, la mira una y otra vez, y cada vez que articula palabra, lo hace con más seguridad, ella que quiere de ir de buena, pues ya habrá tenido algún que otro desengaño, evita mirarlo cuando el habla, pues supongo que no querrá caer tan fácil en esos ojos.
Y mientras yo con la mirada pérdida, en el café helado, pensando que tal vez todo está sea un hecho más de mí osada personalidad. Miro el café nuevamente, me río y decido que ha llegado el momento de salir a fumar un cigarro.
Justo mientras me fumo el cigarro, pasa un coche y me veo reflejado, sonriendo y con mis ojos tristes guiñando un ojo, tal vez ese auto-guiño, sea el que necesito. Y si, sonrío y miro.
Carrión.
Eso es bueno, sonreír, y por que no, reír abiertamente, engrandece el alma. Mucho ánimo sigue así.
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